04 mayo, 2017

Cada viajero del transporte público madrileño sólo paga el 51% del coste del viaje




Los políticos suelen hacer un uso espúrio de los recursos que les damos. Esto es así desde siempre. Aunque ello no tiene justificación alguna, los políticos sólo están preocupados por el corto plazo, es decir, los cuatro años que suelen durar las legislaturas, para poder ser reelegidos en las próximas elecciones y así sucesivamente.

Les importa un pito lo que dejan a sus hijos, a los nuestros, a sus nietos y los nuestros. Un auténtico pito, porque si no no harían lo que hacen, ni cómo lo hacen.
En las manos de nuestros políticos ponemos los dineros de nuestros impuestos para que dispongan de ellos. Y suele ocurrir que en vez de estar atentos a nuestras reales y verdaderas necesidades, están a las suyas. A sus intereses, en vez de los nuestros. En definitiva, hacen política con nuestros dineros, para ellos y para sus intereses.

Actúan, sobre todo, donde existen caladeros de votos y en ellos echan sus redes con el ánimo y el afán de que ello les supongan votos para los próximos comicios.

Es quizá el transporte una actividad donde los políticos se mueven por estos fines y no tanto por el altruismo y compasión por las clases más modestas y desfavorecidas. Cuentan, a su favor, con el casi general beneplácito de los afectados y también de los no afectados por este tipo de medidas, que no ponen en tela de juicio las buenas intenciones que suponen de sus representantes.

El caso del transporte madrileño

La recaudación de billetes y abonos sólo cubren la mitad de los gastos. Las cuentas del transporte madrileño son deficitarias. La recaudación por los billetes, abonos, etc que pagamos los usuarios no son suficientes para cubrir los costes que supone mover el METRO, la EMT, los autobuses verdes, los dos Metros Ligeros,etc, salvo las Cercanías, que eso va por otra vía, a cargo del Mínisterio de Fomento, del Estado.

Los gastos suponen casi 2.000 millones de euros al año (1.958 M€) y por los billetes, los ingresos tarifarios en la jerga del Consorcio, solamente se recaudan 1.001 millones, poco más de la mitad.

¿Quién paga el resto? Pues, el resto lo pagamos los ciudadanos a través de nuestros impuestos, viajemos o no. E incluso los ciudadanos de otros sitios de España, que nada tienen que ver con el transporte madrileño.



Les decía antes que la cuenta de las Cercanías iba por otra vía. En efecto, el coste de mover los trenes de Cercanías y de amortizar sus trenes depende del Ministerio de Fomento, siendo el Estado el que cubre con la subvención lo que los billetes de los usuarios del tren no cubren.

¿De dónde salen y adónde van a parar las subvenciones al transporte madrileño?

Ya hemos dicho que los 1.001 millones que se recaudan de los abonos y los billetes en todos los modos de transporte (exceptuando Cercanías), no dan para cubrir todos los costes. Es necesario que los distintos organismos públicos aporten recursos, provenientes de los impuestos, para equilibrar las cuentas.

Por este orden, de más a menos, la comunidad aporta 738,5 millones de euros; 127 el Estado; 107 el Ayuntamiento de la capital y 10,4 millones de euros distintos ayuntamientos de la región, así como otras comunidades vecinas que tienen acuerdos con el CRTM para usar los abonos en sus respectivos territorios.

De más a menos también, Metro de Madrid es el primer receptor neto de recursos con 667,2 millones de euros, seguido por el ayuntamiento madrileño que es el que sale mejor parado ya que el transporte urbano de autobús EMT de la capital que es el modo sobre el que detenta el control y la gestión, aporta 107 millones y recibe, sin embargo, 445,7 millones, más de cuatro veces más.

Les siguen en tercer lugar con 451,4 millones de euros los autobuses periféricos (los verdes), en cuarto lugar las concesiones ferroviarias dependientes de la Comunidad (Metros ligeros y FFCC a Arganda), y finalmente en quinto lugar la retribución a RENFE cercanías por los importes de los abonos que han sido usados en la red ferroviaria del Estado.

Éste es el origen y la aplicación de los fondos:



¿Es justificable socialmente la fiscalidad de este sistema?

Como hemos visto, los precios de los billetes cubren aproximadamente la mitad de los costes generados por el sistema de transportes, dependientes de las autoridades regionales y algunas municipales. Quiere ello decir que los recursos que faltan los han de poner los ciudadanos, tanto los que viajan y usan el transporte público, como quienes no lo usan.

Podemos decir que es un sistema que favorece a quienes viajan y perjudica a los que no lo hacen, o lo hacen en menor medida.

Se podrá argumentar en contra diciendo que el sistema es similar al de los impuestos, que son generalistas en la recaudación y en la aplicación. En efecto, la sanidad pública, por ejemplo, se sostiene con el dinero de los impuestos de todos y se aplica a todos aquellos que en un momento determinado la necesitan. Evidentemente que quienes no la necesiten, casi nadie en la práctica, pagan lo mismo que que quienes sí la usan, o la usan más intensivamente.

Pero nuestra opinión es que la comparación no es exactamente trasladable al caso del transporte. Efectivamente la recaudación de los recursos fiscales del transporte tiene carácter generalista, pero, a diferencia de los impuestos, es finalista ya que se aplica a circunstancias y colectivos concretos, incluso, con independencia de su poder adquisitivo.

Tal es el caso del Abono Joven o El Abono Anual de la Tercera Edad, donde se discrimina por colectivos concretos, los jóvenes hasta los 26 años en el caso del Abono Joven y las personas mayores, en el segundo, son destinatarios de subvención de sus títulos de transporte.

Otros colectivos de ciudadanos/contribuyentes, mayores de 26 años y no son todavía “mayores” no tienen estos “privilegios” y se ven discriminados respecto de quienes sí gozan de ellos.

No olvidemos que cada subvención que los políticos otorgan a unos colectivos, lo hacen a costa de otros. Nunca con cargo a sus bolsillos.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Bienvenido a un país civilizado Sr. de FTF.

-El transporte público lo pagan los que no viajan.
-Los hospitales los pagan quienes no enferman.
-Los colegios los pagan quienes no tienen hijos.
-La Universidad Pública la pagan los que trabajan y no tienen carrera.

Se llama vivir en sociedad.

En los países tercermundistas estás cosas no pasan.

FTF, Foro del Transporte y el Ferrocarril dijo...

Le recomendamos que lea algún manual de Hacienda Pública. Más en concreto el de mi profesor de esta materia que fue D. Enrique Fuentes Quintana. Por lo que usted dice, se deduce un desconocimiento supino de la materia.

Anónimo dijo...

El Sr. Enrique Fuentes Quintana con toda probabilidad era capaz de captar la ironía mejor que usted, Sr. FTF.

No sé si tengo un desconocimiento supino o un conocimiento prono. En todo caso no es comparable con su sabiduría absoluta.

Anónimo dijo...

No puedo estar más de acuerdo con el primer anónimo. Se le llama sociedad del bienestar a todo esto, a ver si nos entra en la cabeza. Se tienen que leer cosas tan absurdas como que a los politicos no les toca su bolsillo: Los politicos tambien cotizan y pagan sus impuestos.

De todos modos, poco mas se podía esperar de un blog con clara tendencia Liberal de siempre: Quien lo use, que lo pague. Este es un argumento que la sociedad de bienestar tiene que exterminar de raiz.

PD: Segun el argumentario, a los que posean un coche o moto, se les deberia prohibir la entrada en los transportes publicos.....demencial!

Anónimo dijo...

Bueno,en mi humilde opinión de ciudadano nacido en un estado del bienestar y estrenando democracia, creo que estamos en la involución a la Nueva Edad Media.O como diría uno que yo me sé ,"A quien Dios se la dé, San Pedro se la bendiga ".La caída del sistema contrapeso del capitalismo empezó y sigue fomentando el egoísmo auto destructivo, caldo de cultivo de los " actores frutados " (politicos) para actuar como mamporreros del poder económico. Ya sebhan quitado definitivamente las máscaras, unos mas que otros, y se venden al que mas page o mas les mantenga en el poder (para compensar sus complejos).Si no somos capaces de parar,o evitar las interferencias (ruido) de la presión tecnológica,y reflexionar sobre la gran trampa en la que consiste el sistema, feneceremos todos matándonos los unos a los otros. ¿No les suena al Barroco?.Cada día avanzamos más rápido, hacia atrás.