11 febrero, 2009

Una crisis previsiblemente larga y profunda

La crisis que nos espera

Por

José Enrique Villarino

Los economistas y máxime los económetras entre los que me considero un mero aficionado, somos bastante dados a exponer el dedo índice al viento o sacar la bola y empeñarnos en adivinar por dónde puede ir el futuro. Raras veces acertamos pero algunas de esas pocas “raras”, pues sí. El secreto, no es otro que aprender del pasado y extraer aquellas conclusiones que puedan ser aplicadas al escenario que se pretende anticipar, sin perder de vista que en economía, como en todas las parcelas de la vida los acontecimientos son procesos dinámicos, evolucionan y se retroalimentan a sí mismos.

Para medir las crisis, nada más significativo que acudir al más lacerante de los indicadores, que suele ser quien más paga el pato: el empleo, o su otra cara, el paro, el desempleo. No es un indicador económico neutral, son personas sin trabajo, angustiadas, padres abatidos, jóvenes desesperanzados. Personas que sufren.


Fuente de los datos: INE

Este primer gráfico es suficientemente expresivo de la naturaleza –catadura diría yo- de la crisis actual. Se trata de visualizar la evolución del empleo (medido en nº de personas ocupadas) desde enero de 2006 a diciembre del año pasado. Una irresistible ascensión hasta mediados del 3º trimestre de 2007 que venía de una década atrás, y un desplome, en caída libre, a partir de entonces. Parece que para algunos, presidente y gobierno incluidos, esto era un espejismo y, por el contrario, todo iba viento en popa. Si al gráfico le añadiésemos los datos de enero 2009, el panorama sería todavía más desolador. Si algo define a esta crisis económica, sobre todo en nuestro país, es lo vertiginoso de su desarrollo, lo vertiginoso y veloz de su agravamiento. Nunca, nada, se deterioró en tan poco tiempo, ni –luego lo veremos- lo hará por tanto tiempo. Así pues, una primera conclusión: se trata de una crisis profunda, muy profunda que avanza velozmente.



No nos engañemos, la crisis va a ser larga. Aprendamos algo del pasado y veamos cuán largas y profundas han sido las anteriores. Eso es lo que pretende poner de manifiesto el segundo gráfico. La lectura del gráfico es muy sencilla: hemos llevado a un mismo origen –cero-, trimestre a trimestre, las pérdidas de empleos desde que se inician la crisis hasta que éstos recuperan el mismo nivel que tenía cuando aquellas se iniciaron. La primera de ellas es la que tuvo lugar a comienzos de los años 70 y que se conoce como el primer y segundo cracks petroleros, como consecuencia de los sucesivos incrementos del precio del crudo durante una década, que hirió nuestro sistema productivo y nuestra competitividad exterior. Esta crisis duró casi 14 años y llegó a provocar una destrucción, en su punto máximo, de en torno a 1,8 millones de empleos.


La segunda crisis es la que se inicia a finales de los 80–comienzo de los 90 y que se prolonga hasta bien entrada la segunda mitad de esa década y que se caracterizó por un deterioro de las principales magnitudes y variables económicas, hasta tal punto de no cumplir ninguno de los requisitos exigidos por lel lamado Tratado de Maastricht, paso fundamental en la integración europea y en la creación de la UE como refundación de la antigua Comunidad Económica Europea. Cinco años y medio costó enderezar la situación desde que las cosas se empezaron a torcer.

En la crisis actual, que se inició bastante antes de que se empezasen a notar los efectos negativos sobre el empleo en el 3er trimestre de 2007, se observa una mayor y más acentuada caída en picado del empleo, lo que no es sino la expresión dramática de nuestra propia y gravísima crisis endógena, interna, agravada, todavía más, por la crisis del sistema financiero internacional. Nuestra actividad económica era, y sigue siendo, muy poco productiva y muy especulativa –la tan traída y llevada crisis del ladrillo-. Como no producíamos –ni producimos- riqueza suficiente para pagar el desarrollo, nuestro crecimiento se financiaba –-ahora ya no crece nuestra economía, sino todo lo contrario- a costa de endeudarnos con el resto del mundo. Nuestro déficit exterior es del 12% del PIB, el mayor del mundo, excepto lógicamente el de USA, lo que se traduce en un endeudamiento masivo de las familias, las empresas y bancos y sistema financiero en general. Nuestra crisis es, básicamente, una crisis por empeñarnos por vivir por encima de nuestras posibilidades y, en segundo lugar, por intentar vivir a costa de los demás, a unos costes financieros que ni hemos podido, ni podemos pagar.

Para salir de ella, debemos, primero, devolver muy buena parte de lo debido; segundo, cambiar nuestro sistema productivo y energético por otro que produzca cosas exportables y que alivie nuestra factura energética –una causa muy importante de nuestra abultada deuda- ; tercero, mejorar muchísimo nuestra competitividad –hacer más con menos- y, cuarto, favorecer el ahorro y penalizar el gasto, consumir lo justo –ya se ha visto lo que da de sí una economía cuyo crecimiento se basa exclusivamente en el consumo- y ahorrar para poder invertir. La diferencia entre gastar e invertir es que gastar y consumir, lo dice la propia expresión, no crea riqueza, se acaba y consume en si mismo. Invertir es aplicar recursos en actividades que crean más recursos, que se multiplican por y en si mismos, que crean riqueza.

Esta crisis, además de larga, que ya lo hemos dicho, va a ser profunda, muy profunda. Ya sabemos del ritmo endemoniado a que se destruyen los empleos día a día y trimestre a trimestre, destrucción que, una vez destrozado el sector inmobiliario ahora arremete, especialmente, contra el sector servicios y que poco más quedará por destruir ya que las anteriores crisis se encargaron de cargarse tanto la poca y mala industria que teníamos, como la ya tradicionalmente maltratada agricultura y pesca.

Teniendo en cuenta que el gobierno rema contra corriente con medidas que todavía la agravan más, - nula disciplina presupuestaria, gasto social poco efectivo, más endeudamiento y más caro por la pérdida de confianza de los mercados exteriores de crédito y problemas, especialmente en las Cajas de Ahorro y buena parte de nuestro sistema financiero- desgraciadamente tengo que pronosticar que esta crisis va para largo plazo y con hondas raíces. Todo esto no se resuelve de un día para otro. Calculen no menos de 10-12 años, como poco., suponiendo que alguna vez logremos recuperar el volumen de empleo del 3er trimestre de 2007. La parte sumergida a modo de iceberg del gráfico anterior que representa el empleo destruido esperemos que no acabe con nuestra economía al igual que otro iceberg de hielo acabó con el Titanic en la medianoche del 14 de Abril de 1912. Créanme, nada, nada, me gustaría más que equivocarme.


4 comentarios:

Alejandro dijo...

10 o 12 años de crisis!!!!

BIEN!!!!!

jejejej

Muy interesante el artículo recomiendo leerlo

Anónimo dijo...

La culpa de la crisis es de los neoconservadores

ERIKA dijo...

Hola JE,

Por lo que me toca, hoy leímos en la calle un cartel dirigido a los inmigrantes que decía “ya os hemos explotado lo suficiente, vete a tu país”…es algo que no merece comentarios….

Hasta hace poco tiempo se creía que se podía seguir viviendo (y muchos enriqueciéndose) de la burbuja inmobiliaria…pero yo me pregunto, la UE no preveía que esto en algún momento explotaría?
Como dices en el artículo, a la historia tendríamos que remitirnos y ni tan historia, en 1980-1990 en Japón tuvieron una de las mayores burbujas especulativas de la historia económica moderna, seguro que algo hubiera aportado conocer de aquella situación…

Y ahora…que se hará con los más de 3 millones de personas en paro! Españoles, ecuatorianos, tendrán que encontrar alguna alternativa legal pronto!
La ventaja? La gente se vuelve más creativa para buscarse la vida…
La posible solución (no a corto plazo) potenciar la industria y el I+D+I en España.

Anónimo dijo...

I+D+I en España???? ojala, pero con este gobierno y con eñl anterior y el anterior dificil lo veo....

JE, muy interesante articulo, hacia bastante que no me pasaba por aqui, me alegro de q Alejandro lo recomendara
Maite