12 enero, 2007

Hacia un nuevo modelo de organizaciones más eficiente y comunicativo


Organizaciones sinápticas
Por
José Enrique Villarino Valdivielso
De RENFE Operadora

La sinapsis es la función de relación de las neuronas, mediante la cual se intercambian energía e información las células.
Sin la función sináptica no es posible la comunicación ni el conocimiento. Sobreviene lo que conocemos como la enfermedad de Alzheimer, la pérdida de memoria, el vacío
mental total.

Las organizaciones modernas avanzadas tienden, cada vez más, a desarrollar esquemas de organización sinápticos, es decir, acusadamente relacionales, frente a los convencionales e imperantes todavía, fuertemente jerarquizados, poco comunicativos. De nada sirve que las organizaciones se esfuercen en desarrollar esquemas aplanados y horizontales si no son comunicativos, si las celdas (células) no hablan y dialogan entre sí. Una organización sináptica es todo lo contrario a una organización autista.

Desgraciadamente, todavía las organizaciones españolas se caracterizan por ser jerárquicas y altamente autistas. Cada dirección, cada departamento suele ir “a su bola” sin importarle lo que diga o piense el de al lado sino más bien a imponer, si es posible, su poder y sus intereses. Y así nos suelen ir las cosas.

Las empresas de transporte son organizaciones que debieran ser fuertemente sinápticas, pero suelen ser todo lo contrario. Históricamente se han visto mediatizadas, por tratarse el transporte de un sector estratégico, por esquemas organizativos militarizados, muy jerarquizados y de compartimentos estancos. Proclives, además a la endogamia y al autoabastecimiento. Todo lo contrario a lo que deben ser.

El transporte requiere ser puntual, preciso, confortable, eficiente, ecológico. Para ello es necesario que muchas especialidades hablen entre sí, que muchos especialistas afinen sus instrumentos bajo una misma batuta. Que muchos engranajes encajen perfectamente en el momento adecuado, ni antes, ni después. El reto para estas empresas, que por otra parte suelen tener una dimensión nada despreciable en recursos, tanto de activos materiales como de personas, etc, es instrumentar una estructura relacional de este tipo, sináptica. En las empresas medianas y pequeñas la tarea parece menos complicada aunque la resistencia a la comunicación puede ser tanto o más difícil y complicada entre dos o tres como entre cincuenta o cien.

El transporte es una cadena de servicios, además del propio hecho de transportar, que se produce en el tiempo, día a día y tren tras tren, que no es almacenable. Es efímera e irrepetible. O sale bien, o sale mal pero no caben rectificaciones a lo hecho. Es por ello importante que todo lo que el viajero va a vivir, sentir, disfrutar ... esté preparado de antemano, esté perfectamente sincronizado y anticipado. Ello requiere que no quepan improvisaciones y que todos los instrumentos hayan sido, previamente, afinados.

La experiencia reciente en la gran corporación de transporte ferroviario de España no parecen ir en este sentido. De cara a la liberalización bien está integrar en una sola marca productos y servicios para no despistar más al viajero, pero ello no debe suponer la vuelta a un modelo organizativo del cuño de mediados del siglo pasado. Piramidal, vertical, incomunicado, jerarquizado. La unión es compatible con la diversidad, con la singularidad. La unión, más que un todo monolítico y cerrado, es, sobre todo, la comunicación entre elementos (células) variados, peculiares. La integración, la organización es, esencialmente, la sinapsis entendida como necesidad y voluntad de comunicación y conocimiento.

2 comentarios:

kasandra dijo...

Estoy segura que después de mi viaje a Madrid en Alsa la próxima vez será el tren. Horror el alzeimer. Me da pánico como futuro.

Anónimo dijo...

Todos estamos de acuerdo en que es necesaria la comunicación, no sólo en el transporte sino en todos los ámbitos de la vida. Cada vez tenemos más medios de comunicación pero nos comunicamos peor o tratamos de imponer un determinado mensaje. Somos esclavos de nuestro diálogo mental interior que como un disco rayado se nos repite y nos reafirmar el ego como si fueramos realmente eso. Sólo cuando paramos ese diálogo interior
y descubrimos la grandeza del silencio somos capaces de escuchar a los demás y así poder conocerlos.